EL PLEBISCITO POR LA PAZ: UNA OPORTUNIDAD PARA EL EMPODERAMIENTO Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Por: Elsa Patricia Romero Cortes

Doctora en Derecho Público – Universidad de Aix-Marsella

Jurista especializada en justicia transicional


 Hace aproximadamente dos décadas se acuño el término de “justicia transicional”1. Esta nace, entre otros factores, de la necesidad de determinar, analizar y concretizar en el campo investigativo, los procesos que se iniciaban y los mecanismos que se adoptaban en los países donde había ocurrido violaciones de los derechos humanos de una forma sistemática, masiva y generalizada.

Hoy después de su uso recurrente, por un lado, porque desafortunadamente en muchos países de la geografía internacional esas violaciones hacen parte del diario vivir, y por otro lado, porque representa el conjunto de mecanismos para afrontar esa herencia de violaciones, la justicia transicional aclama por pasar el rasero de la eficacidad.

Debe entenderse la eficacidad de su implementación con respecto a los objetivos de corto plazo: protección y garantía de los derechos de las víctimas, rendición de cuentas y establecimiento de responsabilidades; y con respecto a sus finalidades a largo plazo: la reconciliación, la consolidación de la democracia y del Estado de derecho y la paz estable y duradera.

Entonces estas últimas finalidades son la consecuencia de largos procesos que pueden iniciar respetando los objetivos de corto plazo. Sin embargo, ello no es suficiente. Un aspecto importante que concierne la experiencia y que nos da luces con respecto a la eficacidad de la justicia transicional, es que no basta solamente un conjunto de instrumentos jurídicos para lograr los objetivos.

Se demuestra que la justicia transicional se extiende y necesita de otros aspectos para que pueda convertirse en un medio para alcanzar las finalidades a largo plazo. Así esos largos procesos por deducción no pueden ser impuestos. Se necesitan transformaciones sociales, políticas y a veces culturales, para alcanzar a concretarlos2.

En este orden de ideas se necesita, en letra grande, la totalidad de la sociedad civil. Mucho tiempo después y a través de las experiencias internacionales, se llegó a la conclusión que la participación social es esencial para que las transiciones no se vuelvan meros procesos artificiales. Se necesita la inclusión social para que los procesos tengan la oportunidad de tener éxito3. Ese elemento constituye entonces un valor intrínseco del proceso transicional.

Una de las razones del éxito de la transición Sud Africana reside en este factor. Fue la primera vez que se le dio una participación amplia a las víctimas y a la sociedad civil, sobre todo a través de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación4. Otros países en procesos transicionales han procurado integrar, de diferentes formas, a la sociedad civil.

Esta participación se puede presentar en el proceso de elaboración de un sistema de transición, como en el caso de Túnez a través de las consultas nacionales5; o en la aplicación de los mecanismos transicionales, como el caso de las Gacaca en Ruanda (justicia tradicional de las comunidades)6; o cuando se abren espacios para la participación e intervención de algunos grupos de victimas y algunos representantes de la sociedad civil en los procesos de paz.

El referendo y el plebiscito como mecanismos constitucionales que permiten a los ciudadanos expresarse, hacen parte de ese ejercicio de integración de la sociedad civil. Países como Chile, Sud África e Irlanda del Norte dieron cabida a esta forma de participación social.

Bien que los dos primeros concernían la continuación o no en el poder de las personas que detentaban la investidura presidencial en un proceso de transición que había iniciado, Irlanda del Norte salió a votar para aprobar o no los acuerdos de paz de Viernes Santo7. En Colombia es esa la situación que vivimos.

Hay que decir que aparte de la progresiva invitación de algunas víctimas y de algunos sectores de la sociedad civil a intervenir en las negociaciones de paz8, en Colombia nunca o poco se ha preguntado a los ciudadanos lo que quieren. No es tampoco el caso de las victimas que muchas veces en el pasado se les ha impuesto más de lo que se les ha reconocido, sus derechos han sido vulnerados y su dolor y sus historias desconocidas.

He aquí la importancia del plebiscito para nuestro país. En un conflicto donde parte del comportamiento social ha sido la pasividad, la indiferencia, la negación9, el plebiscito se convierte en la oportunidad para romper el silencio y el conformismo. Es la oportunidad para responsabilizarnos y sentirnos parte de los cambios que vive nuestro país. Es la oportunidad para empoderarnos de este proceso que siempre ha sido y hemos sentido ajeno.

Es a través de esos comportamientos activos que las trasformaciones sociales comienzan. Ellas son representativas en un país donde la polarización política aumenta, afectando también la social. Que importante que nosotros como sociedad podamos cambiar ese dato político.

Pero la participación en el plebiscito no se agota en ello. Existen unos efectos que sobrepasan el único instante de decisión entre el sí o el no. Y si ahí comienza el verdadero compromiso social de empoderamiento, de responsabilidad y de participación activa a través de la implementación de los acuerdos, también es cierto que nuestra expresión a través del plebiscito legitimará no solo los acuerdos sino también el proceso hacía el futuro.

Recordemos que algunos de los más importantes mecanismos incorporados en los acuerdos se mantendrán para permitir otros procesos que del mismo estilo se dieren en el futuro con otros actores armados. Pero incluso hay otro efecto de la participación en el plebiscito. En efecto esta expresión social es la mayor garantía de seguridad jurídica que pueda haber.

Ella encarna la voluntad del pueblo y el proceder posterior de la sociedad que seguirá legitimando la decisión inicial con lo que ella comporta. Así las cosas, resulta casi imposible no participar el 2 de octubre. Como un ejercicio democrático donde estaremos decidiendo mucho, el voto por el sí o por el no son igualmente válidos. Hace parte del ejercicio que se pretende iniciar a partir del plebiscito.

Hay que recordar que cualquiera que sea el voto, este comporta para el ciudadano compromiso y responsabilidad. Es por ello que el voto debe ser libre, consciente y con conocimiento de causa, porque los efectos no se agotarán el día del voto, sino será parte y tendrá consecuencias en la vida nacional por un largo período.

 

1   BELL, Christine. “Transitional Justice, Interdisciplinarity and the State of the “Field” or not “Field””. The International Journal of Transitional Justice, vol. 3, 2009, p. 7.

2    Esta idea es desarrollada en la tesis doctoral: ROMERO C., Elsa P. La construction de la justice transitionnelle par degrés. Le cas colombien. Tesis realizada para la obtención del grado de Doctor. Fecha desustentación 14 de enero del 2016. Director de la tesis Dr. Xavier Philippe. Universidad de Aix-Marsella. 

3  MERSKY, Marcie. “El legado de la verdad: algunas reflexiones”. In Mô Bleeker, Ciurlizza Javier, Bolaños-Vargas Andrea (editores) El legado de la verdad: impacto de la justicia transicional en la construcción de la democracia en América Latina. Lecciones para Colombia. Bogotá: CIJT, División Política IV delDepartamento Federal de Asuntos Exteriores-DFAE, 2007, p. 3-8.

 KELLY, Gráinne, FITZDUFF, Mari. Government Strategies on Victims in Post-Conflict Societies [en línea] University of Ulster (INCORE)/United Nations University, 2002, p. 43. Disponible en: <http://www.incore.ulst.ac.uk> (Consultado el 30 de abril del 2009); ELSTER, Jon. Closing the Books: Transitional Justice in Historical Perspective. Cambridge: Cambridge University Press, 2004, p. 70-72.

5  KORA, Andrieu et autres. Participer c’est avoir de l’espoir… Baromètre de la justice transitionnelle.Centre for Applied Human Rights of the University of York, Impunity Watch. 1 ère édition. Octobre 2011, p. 17.

DUMAS, Hélène. Histoire, justice et réconciliation : les juridictions Gacaca au Rwanda. Mouvements.2008/1, N° 53, p. 110-117.

7 The Northern Ireland Peace Agreement (The Good Friday Agreement). 10 April 1998. Consultar en: https://peacemaker.un.org

ARIAS O., Gerson I. Una mirada atrás: procesos de paz y dispositivos de negociación del gobierno colombiano [en línea]. Fundación Ideas para la Paz, Working Paper n°4, octubre 2008. Disponible en: <http://www.ideaspaz.org > (Consultado el 9 de octubre del 2014); ARIAS, Gabriel. “La sociedad civil en el marco de la justicia transicional en Colombia”. In Reed Michael (ed.), Transiciones en contienda: disyuntivas de la justicia transicional en Colombia desde la experiencia comparada. Bogotá: CIJT, 2010, p. 233-250.

CNMH. ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013, 431p.