SUDÁFRICA POST APARTHEID

Por: María Paula Sánchez. 

Estudiante Universidad Externado de Colombia. 

 

Con ocasión de la celebración del día internacional de Nelson Mandela Hinabu Consultores ofrece un recorrido por el caso sudafricano y el proceso de justicia transicional pos apartheid. Este constituye tal vez el ejemplo más representativo de aplicación de mecanismos de Justicia Transicional a un conflicto surgido a partir de consideraciones raciales o étnicas.

CONTEXTO EN EL QUE SE DIO SU LUCHA CONTRA EL APARTHEID.

Después de la Segunda Guerra Mundial y a partir de la creación de las Naciones Unidas, el mundo vivió un auge frente a las libertades y derechos del ser humano. Sin embargo, este no parecía ser el caso de Sudáfrica, en el cual el Partido Nacionalista se posicionaba en el país mediante su victoria en las elecciones instaurando el régimen del “apartheid”.  Sudáfrica, a diferencia del resto del mundo, parecía retroceder en su historia y en la concesión y bienestar de quienes eran sus ciudadanos.

¿La razón de ello? El Apartheid. Solo su significado lingüístico hace referencia a “segregación”,  y la razón política como tal, imponía la supremacía de los blancos sobre a unos negros o etnias tradicionales del país, que consideraba inferiores. Este Régimen se mantuvo en Sudáfrica hasta 1994.

EL APARTHEID

Sus antecedentes se remontan al siglo XVII cuando se produce la colonización holandesa. A partir de 1650, esta nación de raza negra va a ser gobernada en los siguientes siglos por una minoría blanca muy celosa de sus privilegios, “los afrikáner”. Privilegios que se institucionalizaron y mantuvieron durante el periodo de colonización de Gran Bretaña instaurado este territorio desde  1795 y pese al desacuerdo que frente a la discriminación racial profesaba el poder colonizador.

Obtenida la independencia de la Gran Bretaña en 1910, y tras varias décadas de imperio de las políticas del llamado “apartheid”, la minoría blanca establece en 1948 un marco normativo que institucionaliza dichas políticas. Estas obedecieron a un claro propósito de segregación y discriminación raciales.[1]

En efecto, la prohibición de matrimonios interraciales, la eliminación de los derechos políticos de la mayoría negra, las fuertes limitaciones al derecho a la libre locomoción, la formación de verdaderos “guettos” y la explotación económica, hicieron parte del estado de represión en que la minoría blanca sumió a la población negra de Sudáfrica hasta 1994. Casi cincuenta años de sometimiento a un régimen segregacionista.

Ahora bien, la fuerte represión que caracterizo al régimen de la minoría blanca y que cobó innumerables víctimas,[2] contrastaba con la resistencia pacífica esgrimida por la mayoría negra, representada mayoritariamente por el ilegalizado Congreso Nacional Africano,  cuyo líder Nelson Mandela habría de sufrir 27 años de cruel encarcelamiento.

Ello llevó a que poco a poco el régimen segregacionista fuera sufriendo cada vez más, mayores descalificaciones de parte de la Comunidad Internacional. Así por ejemplo, Sudáfrica fue expulsada de la Commonwealth en 1960, excluida de los olímpicos de Munich en 1972, condenada en 1977 por las naciones de occidente, y  objeto del llamamiento a imponer sanciones económicas, que hizo el Consejo de Seguridad de la ONU a sus Estados miembros en 1985.

LA TRANSICIÓN

En la década de los 90s, aislada política y económicamente, y en medio de un difícil panorama económico y social, el entonces Presidente De Klerk, negocia con los representantes de las diversas etnias, y se produce la legalización de los partidos políticos, proscritos desde antaño, y la liberación de Mandela, que a la cabeza del Congreso Nacional Africano, logra llegar a la Presidencia del país en 1994, convirtiéndose así en el primer Presidente negro de la historia de Sudáfrica.

Mandela establece un gobierno de unidad nacional del cual va a formar parte como Vicepresidente, De Klerk. Su trabajo por la democratización de la nación sudafricana les significó a ambos el reconocimiento internacional al obtener en 1993, el Premio Nobel de Paz.

Luego de no pocas discusiones, se había llegado en 1991 a un texto constitucional que establecía como políticas del nuevo Estado, el entendimiento, la reparación,  y el reconocimiento de la dignidad de las personas, al tiempo que dejaba de lado la venganza y la victimización, por no contribuir éstas, a superar el conflicto, el pasado doloroso, el temor y la culpa. Igualmente preveía la institución de la amnistía como una medida para la reconciliación, cuyos alcances habrían de ser fijados por el Parlamento. Los objetivos estaban pues, claramente trazados: El perdón,  la reparación y la reconciliación.

En 1995, se crea una Comisión para la Verdad y la Reconciliación, que teniendo como mira la reconciliación de los sudafricanos con base en la obtención de la verdad, dividió su trabajo en tres comités: uno de Amnistías, otro de Derechos Humanos, y otro de Reparaciones y Rehabilitación.

De conformidad con el Acta para la Promoción de la Unidad Nacional y la Reconciliación, con base en la cual se había creado la Comisión, las amnistías se otorgarían, a quienes confesaran completa y detalladamente sus delitos, en forma individual para cada crimen, y siempre y cuando éste pudiera ser considerado como político. Los que no solicitaran este beneficio, o no les fuera concedido, quedarían sujetos a la justicia ordinaria.

El trabajo de La Comisión[3] ha sido objeto de muchos reconocimientos, pues al tiempo que logró un importante número de confesiones que permitieron a las víctimas conocer la verdad de lo sucedido, la suerte corrida por sus familiares y la ubicación de sus despojos mortales, también hizo recomendaciones en relación con el reconocimiento, la restitución, la compensación y la rehabilitación de las víctimas, entre las que destacan unas primeras dirigidas a los adultos mayores,  a los enfermos y a víctimas con urgentes dificultades en materia de salud, educación y atención psicológica, que a la postre fueron implementadas.

En lo que hace a medidas simbólicas, se produjeron muchas disculpas voluntarias presentadas en forma solemne, que contribuyeron enormemente a la concientización de la sociedad en relación con las graves violaciones a los derechos humanos producidas bajo el régimen del “apartheid”. Otro tanto sucedió con algunas medidas dirigidas a preservar la memoria histórica, como la edificación  de monumentos y museos, y la fijación de fechas especiales de recordación.

Pese a lo anterior más de 20 años después de iniciado la transición en Sudáfrica, un importante número de sobrevivientes se consideran excluidos del proceso, principalmente en las zonas rurales y se cuestiona la efectividad de los programas de reparación. Si bien la Comisión había recomendado un monto de indemnización y en Junio de 2003, el entonces Presidente Thabo Mbeki prometió el 25% de dicha suma, las victimas siguen mostrando insatisfacción por lo recibido[4]. Otras denuncias hacen alusión a la invisibilización del fenómeno de desplazamiento y despojo de tierras al igual que la persistencia de estructuras de poder que han mantenido en la práctica la exclusión de las víctimas.

Este es un fiel caso de lo ambivalente de los procesos transicionales no solo por lo imborrable del legado de las afectaciones sino por la necesidad de garantizar el no retroceso a políticas segregativas. Hoy muchos movimientos mantienen su trabajo constante hacia ese propósito lo que  sin duda es considerado a nivel internacional como un símbolo de tenacidad y  resistencia.

Mandela entonces, aparece y lucha como activista contra cada uno de estos atropellos que vivía de manera ajena como en carne propia. Luchaba contra lo que significaba ser negro en Sudáfrica, se oponía a que el hecho de tener un color de piel diferente significaba que tuviesen hospitales especiales, medios de transporte separados, vivir en lugares segregados y separados solo para seres humanos de color de piel negra, aspirar a trabajos impuestos y no a los que deseaban. Todo este tipo de discriminaciones a los derechos que tenía como ser humano, contrastado con el auge que existía en todo el mundo, impulso a Nelson Mandela a apropiarse de esta lucha y ser el representante más importante del fin del Apartheid en Sudáfrica y el trabajo que significo posteriormente.

LEGADO DE NELSON MANDELA

Sin caer en el error de glorificar tal proceso, los actos y palabras de Mandela si marcan un hito en la historia, el perdón como motor para el progreso y como legado a la historia de la humanidad.

Es símbolo de perdón, al aceptar los diálogos de paz posteriores a sus años y maltratos a los que fue sometido en la cárcel. Referente del liderazgo a sacrificar sus intereses propios, de “venganza” o “libertad condicional”,  por un bienestar generalizado. Es ejemplo de progreso al reestructurar sus ideas constantemente, y de pasar o avalar algunas expresiones de lucha armada a defender el pacifismo y el dialogo para solucionar conflictos. Es referente de paz y derechos humanos, al luchar contra el racismo y la clasificación del ser humano y reivindicar mientras vivió la igualdad que nos caracteriza.

A hoy, vivimos en una crisis de racismo y odios resaltados por colores de piel, preferencias religiosas o rasgos físicos. Diferentes grupos de personas hoy no se les reconocen sus derechos como humanos, su calidad como tal se desdibuja a causa de los factores mencionados anteriormente. “Si una persona o etnia es discriminada no podrá ejercer los demás derechos que como ser humano le pertenecen. La educación es fundamental en este sentido, como dijo Mandela "la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo". Si un solo hombre ha sido capaz de revolucionar un país entero, ¿qué podríamos conseguir con el esfuerzo de todas las personas?” (Bonura, Moralejo Lopez, Rodriguez Martin , Rodriguez Useros, Seoane Tenreiro, & Ugarte Zarco, 2014).

Mandela dejo como legado, no la educación solo entendida como números y letras, sino la educación de los derechos humanos. El énfasis en las igualdades que nos caracterizan sin desconocer las diferencias que marcan nuestros contexto, el respeto y la tolerancia a tales rasgos que nos identifican sin que represente discriminación u odio, una educación basada en la igualdad y el respeto, en la humanidad y en la paz, en la paz construida desde las experiencias y vivencias de cada uno, y no en la paz impuesta por un líder o un Estado que lo imponga.

 

Bibliografía

Bonura, F., Moralejo Lopez, D., Rodriguez Martin , M., Rodriguez Useros, A., Seoane Tenreiro, C., & Ugarte Zarco, A. (2014). NELSON MANDELA Aprendizajes derivados de su vida y aplicación en el aula. Recuperado el Julio de 2016, de http://www.uam.es/personal_pdi/stmaria/resteban/Archivo/Grado_1S_2014/TrabajosGrupos/NelsonMandela.pdf

Universidad Militar . (27 de Septiembre de 2013). PROCESOS DE PAZ: UN REFERENTE, SUDÁFRICA. Recuperado el Julio de 2016, de Instituto de Estudios Geoestrategicos y Asuntos Politicos: http://repository.unimilitar.edu.co/bitstream/10654/11546/1/Info146,SUD%C3%81FRICA.pdf

 


[1] De hecho la ONU hoy lo considera un crimen de lesa humanidad. Ver Estatuto de la Corte Penal Internacional

[2] Recuérdese a manera de ejemplo la matanza de 56 niños en Soweto, el 16 de Junio de 1976.

[3] La Comisión de Verdad y Reconciliación sesionó entre 1995 y 1998 recogiendo el testimonio de 22.000 víctimas y 7.000 victimarios y otorgando amnistía a 849 de estos últimos.

[4] Esta indemnización solo se reconoció a las víctimas que participaron como testigos ante la Comisión quedando por fuera la gran mayoría de las víctimas y por un monto aproximado de 4000 dólares que es considerado muy por debajo del recomendado por la misma Comisión.