“Cuando abusaron de mí me sacaron desnuda delante de toda la tropa que se encontraba en el lugar, gritaban que eso estaba bien, que yo era una perra, me golpeaban con las armas, me daban pata, bofetadas, me escupían, decían que yo era una porquería. Me acostaron desnuda frente al centro de salud me dieron plan con una macheta y me echaban agua sal…”Testimonio recogido del proceso de Justicia y Paz del Bloque BCB


 LA VIOLENCIA SEXUAL EN LOS CONFLICTOS. UN FENÓMENO PARA VISIBILIZAR

Con el fin y en honor al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos (19 de Junio), Hinabu Consultores desea contribuir en la visibilización de este crimen, muchas veces impune en el contexto colombiano.

Los impactos que deja la violencia sexual como arma de guerra en los conflictos armado son profundos e irreparables; su invisibilidad o tolerancia nos condena a que siga ocurriendo. Es por esta razón que la reparación integral de las víctimas debe ser una prioridad  para  el  Estado, mediante acciones claras de contribución a la verdad, el reconocimiento de responsabilidades, medidas que remuevan los obstáculos para el acceso a la justicia y  el reproche férreo de la sociedad en su conjunto. Colombia debe aprovechar el momento histórico que vive para que en el marco de las negociaciones de paz se  avance de manera certera a través de  acciones puntuales y efectivas que visibilicen el flagelo y sus secuelas.

A pesar de la deficiencia en la identificación y registro oficial sobre la cantidad exacta de víctimas de violencia sexual en el conflicto armado colombiano, según Informes como la primera encuesta de prevalencia “Violencia Sexual en contra de las Mujeres en el Contexto del Conflicto Armado Colombiano” Colombia 2001-2009 “La prevalencia de violencia sexual para el periodo estudiado (2001-2009) en los 407 municipios con presencia de Fuerza Pública, guerrilla, paramilitares u otros actores armados, se estimó en 17,58%. Ello significa que durante los nueve años, 489.687 mujeres fueron víctimas directas de violencia sexual. Este dato representa que anualmente en promedio 54.410 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual; 149 diariamente y 6 cada hora”.

Estas cifras distan mucho de las que arroja el Registro Único de Victimas, según el cual se han generado 15.346 eventos contra la integridad sexual en el marco del conflicto armado. Lo anterior nos lleva a la conclusión que pasados dos años de la ley y cerrada la posibilidad de nuevos registros sobre hechos previos a la expedición de la misma, se mantiene invisibilizado el fenómeno, y se diluye la posibilidad de atender y reparar al gran numero histórico de víctimas, de las cuales el 93 por ciento según la misma Unidad corresponde a mujeres.

Con lo anterior no solo afirman que la violencia sexual se da en su gran mayoría contra las mujeres, sino que confirma su práctica en el conflicto armada como una herramienta de guerra “utilizada por todos los actores, incluyendo paramilitares, guerrillas, Fuerza Pública y bandas criminales, y no producto del desenfreno casual y aislado de los combatientes de baja jerarquía dentro de las organizaciones armadas; sino que por el contrario, fue producto de los incentivos y las sanciones deliberadas de las altas cúpulas o jerarquías de las organizaciones hacia la totalidad de sus combatientes”. Así lo presenta Sexto informe de seguimiento realizado por la Mesa de Seguimiento a los autos 092 de 2008 y 009 de 2015. Lo más complejo de los recientes estudios es la continuidad del fenómeno, los hechos y riesgos constitutivos de violencia sexual contra las mujeres en el marco del conflicto armado que afecta de forma diferenciada a las mujeres desplazadas, más vulnerables a ser víctimas de este tipo de delitos ligados directamente al desplazamiento y que no necesariamente se concretan por parte de actores armados.  

Otro aspecto invisibilizado es las acciones de violencia sexual en hombres y niños en el marco del conflicto armado, al igual que la necesidad de establecer políticas diferenciadas para ciertos grupos vulnerables que como la población afro resulta especialmente afectada. A la fecha son incipientes los esfuerzos en una eficaz caracterización de las víctimas que permita estructurar y aplicar enfoques etario, de discapacidad, y de orientación e identidad y orientación sexual diversa. La Unidad de Víctimas en el 2015 tenía en su registro 650 casos de violencia sexual contra hombres, lo que supone un 12 por ciento del total. Pero de este tema no se habla, no se investiga y difícilmente se encuentra información. Tal es su dificultad que no se ha logrado identificar un perfil claro de las víctimas, la incidencia es alta entre la población afro y la mayoría son hombres entre los 27 y 60 años, seguida de la de 18 a 26.

Ahora bien, los principales retos que se resaltan por parte de las organizaciones miembros de la mesa de seguimiento y que se han mantenido pese a la proliferación de normas y seguimientos constitucionales, se relacionan con la necesidad de superar los obstáculos para el acceso a la justicia, la necesidad de rutas claras de atención y denuncia, al igual que garantías  y eficacia del aparato judicial para adelantar las investigaciones, dando por resultado un grado de impunidad de más del 97 %

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y ciencias Forenses, los efectos de la violencia sexual sobre el ejercicio de los derechos fundamentales de sus víctimas “se perpetúan en las distintas secuelas que aquélla puede conllevar, las cuales limitan las denuncias y búsqueda de justicia frente a este delito”. Así, esta afirmación permite visibilizar que el problema de la recolección de información y cifras, no sólo está atado a un problema institucional de rigurosidad, sino de una falta de atención integral y creación de espacios apropiados para la denuncia de este delito.

Si bien mediante diversas iniciativas estatales y la inclusión del debate en la mesa de negociaciones de paz refleja cierta voluntad por parte del Estado para contribuir a la eliminación de la violencia sexual en los conflictos armados, hace falta eficacia en sus resultados. Solo el mejoramiento en la calidad de la atención y reparación, las acciones inequívocas de reproche y visibilidad y el reconocimiento por parte de los actores armados de su accionar, puede hacernos avanzar en generar la confianza en las victimas de acudir al estado y denunciar. Al igual que otros países en conflicto en el mundo, Colombia enfrenta uno de los mayores retos en el camino a la paz, el reconocimiento del flagelo y lo desgarrador de sus secuencias, la necesidad de dignificar y reparar adecuadamente a sus víctimas y sobre todo garantizar  su no continuidad.