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Entrevista al Programa Contravia

"Pero el dolor es muy grande, porque es que a uno le arrancaron el corazón"

Con ocasión del día de las victimas Hinabu Consultores quiere hacer un homenaje a Jhon Jairo Aguirre, quien como miles de Colombianos perdió su vidavíctima del conflicto armado colombiano. Su familia mantiene su recuerdo intacto y sufre su ausencia con la misma intensidad del primer día. La entrevista a Betty, su madre se hace en homenaje  a su recuerdo y busca darle rostro al sufrimiento de tantos colombianos que como Betty han entregado lo más preciado a este prolongado y doloroso conflicto. También nos muestra la cruel realidad de la guerra y dura forma en que nuestros soldados enfrentan la guerra.  


 

  • Cómo se llamaba él?

Betty: Se llamaba Jhon Jairo Aguirre.

  • ¿Hoy cómo lo recuerda?

Betty: Antes que nada, yo lo recuerdo mucho a él por todo el amor que nos expresaba a mi y a su hermana, su preocupación porque nosotras estuviésemos bien y no nos faltara nada. Y… recuerdo como él, a pesar de todo lo que vivía allá,  lo que sufría, quería y le gustaba esa vida. Él se fue y me dejo algo muy lindo, él hizo el esfuerzo para que yo me graduara de Bachiller, para que cuando me graduara hiciera una carrera profesional, yo quería ser abogada. 

  • ¿Por qué llego él al ejército?

Betty: Él llego al ejército por la situación económica, porque como yo era mamá cabeza de familia, era difícil. Él quería que la hermana estudiara, entonces cuando cumplió los 18 años él se fue a trabajar. Desde chiquito siempre se me escapaba,  salía del colegio y se iba a la plaza a cargar paquetes y le daban cosas y él me llevaba. Siempre había preocupación, él se daba cuenta de la situación y al cumplir 18 me dijo: “ma’ yo me voy a prestar el servicio” y se fue. Se presentó en Villavicencio, prestó el servicio allá y regresó a Bogotá. Cuando regresó a Bogotá la situación era complicada, él no podía conseguir empleo, estábamos pagando la casa y los gastos del diario. Inclusive él a mí no me dijo a nada, un día llegó con la carpeta y entonces se volvió a ir como soldado profesional.  Yo le rogué que no, que no se fuera y él me dijo que él iba a estar bien y se fue… se fue para allá. Estando allá, siempre estaba pendiente en la parte económica, nunca me desamparó, él me entregó su tarjeta para que yo pagara las cosas acá, para que no me faltara nada, me recomendaba mucho que (…), no me faltara la comida, el transporte, los minutos, por si me enfermaba o algo lo pudiera llamar. Siempre la preocupación era que yo estuviera bien, que no llorara. No le gustaba que llorara por él.

  • ¿Cuánto tiempo estuvo en el ejército y en dónde prestaba el servicio?

Betty: Casi 5 años. El pagó el servicio en el batallón 21 Vargas en Granada Meta. Él pertenecía a la móvil 4 y era muy buen amigo, cuando salían de licencia él me llegaba a la casa con todos los compañeros, porque casi todos los jóvenes no son de Bogotá, ellos son a veces del campo, de familias pobres.

  • ¿Y él qué le contaba de ellos?

Betty: Él me contaba que vivían muy tristes en cierta forma, porque las familias están tan lejos y se y ellos no tienen comunicación con ellos. Son casos muy fuertes los que pasan, a veces se les llega  a morir un familiar, la mamá…y ellos son los últimos que se enteran allí, por la situación tan precaria en la que viven los soldados. A mí me duele mucho, por ejemplo, yo estaba en el hospital militar en la cita médica cuando estaban celebrando los 79 años y yo miraba con tristeza y decía: “si estas personas que están aquí supieran como viven los soldados, como duermen ellos… en las condiciones tan precarias en que ellos están por allá.”

  • ¿Cómo le contaba él eso?, ¿Cómo era la vida de él en el ejército?

Betty: Él me decía que a veces caminaban todo el día y  toda la noche, y ya al amanecer, 4 de la mañana volvían a salir a caminar por el monte, ellos le llaman la maraña, lloviendo y apenas con un plástico y botas. Por ejemplo, tenían que dormir ahí en el piso en medio del monte bajo la lluvia, a veces  la provisión tampoco llega a ellos porque los alimentos no pueden llegar al área o por el peligro, entonces era muy duro para ellos. Como también a veces iban por el monte y se encontraban frente a frente con la guerrilla o las minas, tener que verlas al levantar el pie. Él contaba que habían unas redondas  y esas llevan como un hilo muy delgado y al  dar el paso, quedaban ahí sin poder ir hacia adelante o atrás, ver la muerte ahí,  al frente de ellos. Otra cosa que también me contaba era la situación de estar ellos en medio del monte y los francotiradores, cuando pasaban las balas y les roza el casco o sencillamente hacer un movimiento cuando pasa el disparo. Ellos tienen miedo constante, no tienen tranquilidad.

  • ¿Y él no hablaba del conflicto o de cómo lo percibían?

Betty: Veían muy difícil la situación del país porque ellos (la guerrilla), estaban muy bien camuflados, muy bien armados, tenían tecnología muy avanzada.

  • ¿Él que pensaba de la guerrilla?

Betty: Mucho resentimiento y tenía mucho dolor. Conocía el testimonio de un joven huérfano que vive en mi casa, que nos  contaba que la guerrilla llegó un día a la casa de ellos en el campo y murió  su papá y hace como unos 12 o 13 años le quitaron la vida a la mamá. Cuando él se fue al ejército, dice, fue a raíz de eso. Entonces el dolor que ellos llevan es muy grande, pues porque uno nunca espera que llegue una persona y le haga un daño tan grande a otra. Él decía que si las cosas seguían como en esa época iban, la guerrilla iba a estar debilitada, porque le habían quitado mucha fuerza, pero que si le daban tregua era muy complicado.

  • ¿Y hoy usted cómo ve el proceso de paz?, ¿Usted es capaz de perdonar?

Betty: Uno tiene que perdonar, ¿Quiénes somos nosotros los seres humanos para no perdonar otros seres humanos? Pero el dolor es muy grande, porque es que a uno le arrancaron el corazón.

  • ¿Hace cuánto paso eso?

Betty: Hace 7 años murió

  • ¿Y cómo ha sido su vida desde hace 7 años?

Betty: Muy diferente, mi familia, todo el mundo dice que ya en mi cara no hay alegría, porque él era mi alegría y cambió todo. Cambió mucho porque yo siempre lo esperaba a él, él me llamaba a cualquier hora de la noche y me hablaba muy bajo: “Madrecita estoy bien, la quiero mucho y siempre me repetía lo mismo, que no  me faltara nada”. A mí me sucedió algo y es que era tanto mi dolor que yo me quede fue ahí,  yo no ayudaba, no podía trabajar.  El apoyo emocional de mi trabajo, la gente, ver llorar a las personas conmigo, eso me ayudo a seguir adelante, el cariño de las personas. Pero cambio total mi entorno familiar, la vida de mi hija también,  su vida cambió, ella no recibe ningún apoyo médico o psicológico, a ella si le toco vivir el dolor. 

  • ¿Cómo cree usted que podría convivir  o mitigar un poco  ese dolor? Reparar la vida es imposible, pero  ¿Cómo cree que podría vivir mejor o sentirse mejor en términos de una buena reparación?

Betty: ¿Sabe a mí que me duele? Yo no me lo explico, cuando un guerrillero deja las armas tiene todo el apoyo del gobierno, la familia, colegios, universidades, hasta los sacan el país. Les dan un sueldo, un sueldo que no lo tiene un soldado. Mi hijo se fue para allá por un problema económico, si, pero se fue porque le gustaba el ejército, él quería la institución, y ¿Qué sucede? El muere allá, el reporte dice que en un combate pero no fue en un combate, a mi hijo lo asesinaron. Entonces,  duele que a ellos que les dan el apoyo pero a los papás y las familias de los militares no. Eso me duele. Es cierto que no sé porqué están allá en la guerrilla, por qué tomaron esa decisión, pero debería ser todo igual. Si, a ellos (la guerrilla), se los llevaron desde niños, los reclutaron para estar allá y se volvieron así, pero así como ellos tienen derecho,  por qué a las familias de los militares nos dan la espalda. 

A nosotros nos ha tocado muy duro. Mi hija ahora tiene una pierna lastimada y casi no puede caminar, está trabajando en una empresa pero esta incapacitada, lo más probable es que ahorita le cancelen el contrato y no sé qué vamos a hacer. A mi si me hubiese gustado que el gobierno me ayudara con la educación de mi hija y no solo a mí, sino a muchas otras familias. Cuando mi hijo murió, nos dijeron que si ibamos a recibir ayuda, pero más adelante nos dijeron que eso solo era para las esposas, ni para los papás ni para los hermanos. Pero igual éramos una familia, no entiendo, no entiendo esa parte.

Son historias tristes, es imposible dar palabras de consolación a ella porque no hay nada que le puedan decir a uno cuando el dolor que uno lleva lo lleva por dentro. Guarda mucho dolor y solo uno conoce, nadie sabe el dolor que uno lleva.